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Articles: Iberá, aguas brillantes

by: Austral Anglers

Dentro del territorio argentino, se encuentran los más destacables y diversos ambientes acuáticos habitados por dorados. Es cierto que en otros puntos de Sudamérica existen lugares que son de una perfección casi inimaginable, donde podemos encontrar increíbles ejemplares de la especie. Algunos remotos cursos de aguas totalmente transparentes que discurren entre exuberantes selvas vírgenes en territorio boliviano, sirven como ejemplo.
Pero sin lugar a dudas, ningún otro país es equiparable a Argentina en la enorme distribución geográfica de este pez, con todo el caudal de diversidad de contextos y ecosistemas que se presentan para conocerlo.

Así se destacan en nuestras tierras, áreas tan distintas entre sí como las yungas del Noroeste; todo el cambiante recorrido de Bermejo hasta juntarse con el Paraguay; ambientes sumamente particulares en la provincia de Santiago del Estero; las bien diferenciadas partes Alta, Media e Inferior del Paraná; el río Uruguay; el Río de la Plata, limite sur de las poblaciones de la especie; y el sistema de Iberá y parte superior del río Corrientes. De todas esas caras que tiene la existencia del dorado, la más preservada, virgen y menos degradada de todas, es Iberá. Esto significa simplemente eso. Por supuesto no pretendo decir que es la mejor, ni nada por el estilo. Personalmente tuve la suerte de poder viajar en busca de dorados en todas las regiones mencionadas, y cada una de ellas tiene sus virtudes y particularidades. Pero con respecto a ese tema de lugares realmente poco trastocados por el hombre, creo que Iberá ocupa el lugar más destacable en nuestro país. Reserva provincial desde el año 1983, esta es la mayor área protegida a nivel nacional.
El hecho de haber estado viviendo ininterrumpidamente y guiando prácticamente todos los días en los Esteros durante seis meses, inevitablemente ha incidido en el caudal de cosas que considero importantes abordar en una nota. Por eso prefiero hacerla en dos partes. En todo este tiempo, comprendí mejor que nunca, lo poco que sabemos sobre una de nuestras especies ícticas más importantes.

En cierta etapa del desarrollo morfológico de nuestro continente, hasta hace unos 60.000 años, el discurrir de un gran curso de agua que hoy conocemos como río Paraná, cruzaba por el centro del actual suelo correntino. Importantes fuerzas geológicas elevaron el terreno, desviando el cause, y dejando una gran superficie deprimida en forma de palangana destinada a colectar, regular y distribuir las copiosas lluvias de esta zona de clima subtropical. Los Esteros del Iberá (aguas brillantes, en guaraní), uno de los pantanos de agua dulce más grandes del mundo, se presentan desde el nordeste hacia el sudoeste de la provincia, como gigantescos humedales de origen pluvial.
Gracias a una gran masa de vegetación y a su alto nivel de evaporación debido a la escasa profundidad promedio, el sistema retiene y regula una cantidad de agua tal que expresada en números resulta muy difícil de comprender.

Toda esa agua corre en un mismo sentido. Ya muy cerca de una isla llamada Itatí Rincón, la masa acuática se angosta lo suficiente como para que sean identificables las nacientes del río Corrientes. Este se lleva todo ese caudal serpenteando durante kilómetros y kilómetros, en dirección al Paraná.
Uno puede tener una idea bastante aproximada de este ecosistema, que ocupa casi un tercio de la provincia, imaginando miles y miles de kilómetros cuadrados de agua transparente y rojiza, surcados por una infinidad de canales y lagunas de diversos tamaños, que fluyen lentamente entre superficies de embalsados. Estos son "suelos" blandos, en la mayoría de los casos semi flotantes por ser menos densos que el agua, formados por acumulación de materia orgánica.
Juncos, totora, paja brava y otras plantas bajas conforman la imagen de estas costas suspendidas. Solo se aprecia vegetación arbórea, en los límites periféricos y en las espaciadas islas de estructura más firme. Allí es donde , en algunos casos, podemos encontrarnos con pobladores locales. Generalmente se trata de personas tímidas pero amigables, que viven tranquilas, como fuera de nuestro tiempo.

De todas formas, la presencia humana es prácticamente nula.
Perdiendo la mirada en la inmensidad del paisaje, casi pueden vislumbrarse los resabios de las tribus cará-cará y los caingang, antiguos habitantes que ante la penetración del hombre blanco, supieron refugiarse en lo más recóndito de una de las zonas más recónditas que existen.

Pescando espejismos
Cuando la embarcación deriva por estos lentos y relativamente angostos cursos, entre perfectas paredes vegetales de mediana altura, se encuentran claros y abras, aparecen bifurcaciones y juntas con otros canales. Algunos, son simplemente, hilos de agua abriéndose paso entre los camalotales. Las curvas alteran suavemente la corriente generando pequeñas correderas y remolinos. Por todos lados se ven flores, en su mayoría son color púrpura o amarillo.
Sabemos que hay más de trescientas cincuenta variedades de aves y muchas decenas de especies de mamíferos, reptiles y anfibios ocultándose a nuestro alrededor. La biodiversidad de la región es una de las mayores del mundo.
Uno asoma la vista hacia las aguas más cercanas, y un fondo de arena manchado por estilizadas algas de todos los verdes se despliega entre los rayos de sol. Entre uno y cinco metros nos separan del lecho.
Se ven grupos de peces. En su mayoría, se trata de sábalos y bogas. Los primeros son más grises y gordos. Casi todas las bogas, tienen tres puntos negros del tamaño de una pelota de ping pong en sus flancos. Semi escondidos entre la vegetación acuática, se asoman de vez en cuando coloridos cabeza amarga, localmente llamados San Antonio. Estos cíclidos, que semejan pequeños y estilizados tucunarés, son voraces cazadores muy dispuestos a tomar un streamer. Lo mismo sucede con las palometas y los dientudos.
Es muy fácil y común ver dorados en los esteros, pero la mayoría de las veces, ellos nos detectan primero y se asustan o se alteran. De todas maneras, creo que las chances de practicar lo que llamamos sight fishing, son bastante más amplias en Iberá que en cualquier otro ambiente de pesca habitado por la especie.
La población de dorados residentes en los esteros es realmente numerosa. Pero estos sólo se encuentran en los últimos kilómetros del recorrido del ecosistema, en el área relativamente próxima a las nacientes del Corrientes.

Asimismo, estas características del ambiente, repercuten en las prácticas de pesca. No se trata de un contexto fácil. Los peces están allí, pero el medio en el que viven, suele facilitarles la percepción de todo tipo de alteración tanto como la posibilidad de desarrollar una importante parte de su existencia bajo el sombrío refugio de los embalsados. Sin duda los dorados más grandes pasan una gran parte del tiempo allí, lo cual se refleja en su especialmente oscura coloración. La tonalidad oscura es una característica del dorado de los esteros en general, pero en algunos ejemplares se destaca mucho más que en otros.
También los encontraremos patrullando, solitarios o en grupos. Algunos se acomodan en algún lie con mayor correntada (curvas, bahías, juntas de canales, islotes donde choca el agua, etc.) Allí esperan que alguna presa de el paso equivocado. En su mayoría se trata de peces, pero también pequeñas aves y roedores son parte de su alimentación, así como reptiles, anfibios y grandes insectos.
A veces uno tiene la suerte de ser testigo de cacerías realmente impactantes por parte de dorados. Inclusive contra ejemplares de la misma especie. En más de una oportunidad durante este último verano, sacamos del agua dorados de entre uno y dos kilogramos de peso, literalmente partidos al medio por otro gigantesco que aparecía como un violento espejismo emergiendo de algún punto de acecho cercano.

Demás esta decir que también podemos tentar un enorme dorado con una mosca pequeña, especialmente en aguas tan cristalinas.
A diferencia de los especimenes medianos y pequeños, los muy grandes, generalmente dan unos pocos bocados contundentes en cierto momento del día y con eso están satisfechos. Hay que tener un poco de suerte de estar en el lugar y momento justo. Lo demás corre por cuenta del equipo que conforman el pescador y el guía.

Es destacable que en Iberá, siendo un área tan preservada en cuanto a depredación de fauna íctica, cuando se dan momentos de pesca difíciles, no se trata de una degradación impartida por el hombre. Los altibajos responden en forma exclusiva a factores provenientes de la naturaleza. Aguas bajas o altas; cambios en la presión atmosférica y temperatura del agua son algunos de los factores que inciden, como en cualquier ambiente acuático, en la actividad de los peces.

En la próxima parte de esta nota, ahondaremos en cuestiones más técnicas. Nos meteremos de lleno en la temática de la pesca y hablaremos de un ambiente tan particular como los esteros, que podemos visitar en una misma excursión: las nacientes del Corrientes y sus primeros kilómetros.

AA.com


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